¿Por qué tengo que callármelo?

Me he preprado una cocacola con unos hielos, me he ido a comprar tabaco como los buenos escritores (y eso que no soy fumadora, pero por si lo necesito) y hasta me he pintado los labios para sentirme más ¿sexi? ¿predispuesta? ¿animada? ¡¡Inspirada!! El caso es que lo estoy haciendo. ¡Estoy volviendo a escribir! Llevo días intentando hacerlo pero hay tantas cosas que contar… Mi vida ha cambiado tanto… Ya no soy sólo una celiaca. Ahora soy una celiaca que ha sido mamá dos veces y mis Historias celiacas ya no son lo que eran. Ahora mis Historias son igual de divertidas e irónicas pero con dos niños de por medio.juguetes

¡Ser madre es un auténtica locura!

Tomar un desayuno sin gluten no es tan fácil como antes. Con dos fierecillas metiendo la mano en mis galletas con la suya con gluten en la mano no es fácil evitar la contaminación. Cuántas veces me he comido un fideo con gluten que se ha cruzado en mi sopa… sólo mi cuerpo lo sabe y el baño claro. Pero bueno, ahí lo vamos intentando. Y esta no es la mayor complicación de ser madre celiaca. ¡Ser madre es una auténtica locura! Desde el embarazo, pasando por el parto, la llegada a casa, la convivencia, el otro embarazo, el otro parto, vuelta para casa y de nuevo la convivencia siendo cuatro. No es cómo lo había imaginado la verdad. Que es duro, lo es, pero también muy gratificante.

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Berta tomando pecho

Malas madres, lactancia y demás…

En los últimos días he leído varias publicaciones en internet de la maternidad. Sobre malas madres, de la experiencia agotadora, la lactancia… Una en concreto que hablaba de la moda de decir algo así como “A mis hijos ahora que no me los quiten pero si yo se esto…”. Pues yo lo he dicho. Soy una de esas madres que lo ha dicho porque la dureza de ser madre no la conocía.

Esto es como el parto, por mucho que te digan lo doloroso que es nunca llegas a imaginártelo porque nunca has experimentado un dolor así hasta que pares. Pues esto es lo mismo. Hasta que no eres madre no experimentas la dureza de las noches en vela, el sacrificio de la lactancia, el dolor del postparto tras una cesárea, el cansacio agotador, la ausencia de tiempo para tí y para tu pareja… Me gustaría que quedara claro que siempre he querido ser madre y estoy muy orgullosa de serlo. De haber dedicado los últimos tres años y medio de mi vida a mis hijos en exclusiva, sin trabajar y sin hacer nada más que estar con ellos. Pero aún así, que es duro ser madre lo es.

¿Por qué tengo que callármelo?

¿Por qué no podemos decirlo? ¿Cuántas de mis amigas y hasta yo misma nos hemos quejado de que nadie nos había dicho lo doloroso que es un parto? ¿De lo sacrificada que puede llegar a ser la lactancia? Yo les he dado un año a cada uno y lo he hecho muy a gusto porque lo decidí así, pero que es sacrificado lo es. ¿Por qué tengo que callármelo?

Cuando una es madre aprende a relativizar mucho las cosas. El dolor ya no es el mismo dolor que antes de ser madre. Ahora te duelen otras cosas y de otra forma. Lo que antes era importante ahora ya no lo es. Lo normal ahora es salir de casa sin ni siquiera lavarte la cara, con los pelos como Dios quiere porque no llegas al cole, olvidarte de comer y no digamos ya de tu celiaquía (hace que no me hago un bizcocho sin gluten… ni lo se), de hacerte las piernas o el bigote, ir al baño con la puerta abierta (hagas lo que hagas), ducharte acompañada… La vida cambia y hasta las compañías. El parque es tu segunda casa… Pero de esto hablamos otro día porque no me da la gana callármelo.

 

 

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