Otoño, en el pueblo y sin gluten ¡es posible!

¿Qué es eso de que el otoño no es
una estación bonita? ¡Claro que lo es!
La melancolía es también un sentimiento
agradable. La lluvia, el frío, el viento, las setas, el río, el bosque, los paseos, las
comidas de cuchara, los colores del campo y de los árboles… Además uno nunca
sabe cuando le puede cambiar la vida. Y el otoño es una buena estación para
hacerlo. 
 
TE CAMBIA LA VIDA
 
A mi me ha cambiado de un día para otro y no sólo una vez, sino
varias. Lo hizo con el diagnóstico de la celiaquia, que no es moco de pavo. Lo
hizo con el cambio de trabajo, con el cambio de ciudad, con el nacimiento de
Bruno… Pueden ser muchos los motivos y para bien o para mal hay veces que no
puedes evitarlo. En mi caso he tenido suerte y siempre he sabido encontrarle el
lado positivo, que es muy importante.
MIS CAPRICHOS SIN GLUTEN
A día de hoy estoy viviendo otro
cambio de este tipo, pero en esta ocasión es diferente porque no es un cambio
drástico como las otras veces, sino que está siendo en diferido, poco a poco,
disfrutándolo más que nunca y a conciencia. El motivo más adelante os lo contaré. Eso sí, con mis bocatas de jamón sin gluten
por aquí, mis magdalenas de chocolate por allá, mi pan con mantequilla y azúcar
por otro o mis croquetas por este de más allá.
ME GUSTA VIVIR EN EL PUEBLO
Llueve fuera, dentro hago manualidades con un palet
Y es que esto de vivir en elpueblo me gusta y no poco. Esta tranquilidad de no hay prisa, este relax de no
hay tráfico, este silencio para pasear aunque llueva con un chubasquero, este
aire, esta luz… y siempre con cosas que hacer para no aburrirme aunque llueva.
CELIACA EN UN PUEBLO DE 100 HABITANTES
Por supuesto, hay que tener claro que una celiaca en un pueblo de montaña de
100 habitantes no va a encontrar las comodidades que tiene en la ciudad para
comprar productos sin gluten.
Pero si que es cierto que previsión hay que
tener, ya sea en la ciudad o en el pueblo. Así que la compra se hace un poquito
más grande y asunto arreglado.
Este cambio al pueblo está siendo
temporal, en unas semanas recuperaré la vida en la ciudad con sus sonidos y sus
ambientes típicos. Mis amigas no entienden muy bien qué hago aquí, ¡incluso me dicen que
las he abandonado! Y mi marido ya nos echa de menos demasiado, asi que la vuelta será pronto. Pero en cuanto pueda ya estoy de nuevo en la montaña
disfrutando de todo lo bueno que dejaré aquí y de todo lo
que esta tierra me da con cada con cada amanecer.
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